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Cómo el Modelo de las Naciones Unidas me ha transformado

  • Foto del escritor: Jamie Kuenzel
    Jamie Kuenzel
  • 25 abr
  • 3 min de lectura

El rol de la delegada como comunicadora intercultural


La foto muestra al Club de Modelo de Naciones Unidas en la Conferencia Nacional de Model UN de Harvard 2026.  De izquierda a derecha: Jamie Kuenzel, Marco Olivares, la Dra. Anna Flannagan, Ryan Weidman, Grant Alleyne y Kimberly Martinez. Imagen cortesía de la autora.
La foto muestra al Club de Modelo de Naciones Unidas en la Conferencia Nacional de Model UN de Harvard 2026. De izquierda a derecha: Jamie Kuenzel, Marco Olivares, la Dra. Anna Flannagan, Ryan Weidman, Grant Alleyne y Kimberly Martinez. Imagen cortesía de la autora.

En mi undécimo año de la escuela, me uní a un grupo único en mi instituto, “Modelo de las Naciones Unidas” (“Model United Nations”). En esta actividad, los participantes representan papeles de diferentes países o personajes y utilizan el procedimiento parlamentario para resolver desafíos mundiales. Debido a la diversidad de perspectivas entre los países o personajes, los delegados tienen que negociar para lograr una resolución. En mi caso, empecé a participar en la organización porque mi hermana quería hacerlo, pero en mis cinco años de participación, mi actividad ha crecido hasta convertirse en una parte decisiva en mi vida. Como fundadora y presidenta del club de “Modelo de las Naciones Unidas” aquí en FSU, organizo conferencias, entreno a nuevos miembros, entre otras actividades. Además, tengo la oportunidad de participar en conferencias como miembro del club. 


Como una organización tan concentrada en las relaciones internacionales, cada conferencia a nivel universitario está llena de delegaciones internacionales. He visto y experimentado como la participación del “Modelo de las Naciones Unidas” te convierte en un ciudadano del mundo más informado y culturalmente competente. Por ejemplo, durante una conferencia, los participantes tienen que considerar y defender ideas que no son las suyas. Este proceso les enseña a pensar más críticamente. Debido al ambiente internacional de la actividad, los participantes aprenden mucho no simplemente sobre las relaciones internacionales, sino también sobre culturas diversas. Asimismo, los debates en las conferencias pueden ser estresantes. A causa de esto, la participación en la actividad les enseña a mantenerse tranquilos y respetuosos en situaciones tensas. 


Cuando le digo a alguien que participo en esta actividad, siempre me dice que es una oportunidad realmente excelente para desarrollar habilidades de investigación y oratoria. Es cierto que la actividad puede ayudarte a mejorar estas habilidades, aunque pienso que lo más valioso que fomenta es la competencia cultural. Como delegada, tienes que investigar, defender y representar diversos puntos de vista. Además, tienes que llegar a un acuerdo con delegados con perspectivas muy distintas a la tuya. El proceso de ser delegado es una experiencia práctica de aprendizaje. En vez de leer y memorizar, tienes que sumergirte en una posición que te ayude a entender diferentes puntos de vista.

En un nivel más concreto, las conferencias del “Modelo de las Naciones Unidas” son realmente diversas cultural y lingüísticamente. Cada vez que voy a un comité o un evento social, tengo la oportunidad de hablar con estudiantes de otras partes de los Estados Unidos y del mundo entero. Por eso, tengo amigos y conexiones profesionales alrededor del mundo. Disfruto mucho al hablar con ellos sobre sus experiencias viviendo y estudiando en otros lugares. También, hay una gran cantidad de gente multilingüe y es fascinante oír tantos idiomas en un solo lugar. Además, también hay muchos hispanohablantes con quienes converso. De hecho, en algunas conferencias, como la de Harvard, hay comités bilingües en inglés y español. Solo he participado en los comités en inglés, pero me interesa explorar un tema en español en la próxima conferencia. 


Para concluir, mi experiencia participando en el “Modelo de las Naciones Unidas” me ha transformado no solo en alguien que tiene una pasión por las relaciones internacionales, sino también en una ciudadana global mucho más consciente del valor de la comunicación intercultural en la formulación de la política y en la vida cotidiana. Personalmente, quiero trabajar en la diplomacia, una carrera con una conexión clara con esta actividad. En la diplomacia, los profesionales trabajan como modelos de su país en otros países, hacen uso de la comunicación intercultural constantemente y aprenden sobre diversas culturas. Sin embargo, creo que la actividad tiene un inmenso valor en cualquier trabajo y en la vida personal. Actualmente, los líderes gubernamentales no piensan que la diversidad y la globalización están de moda y están actuando sin respecto a estos valores. Por eso, es esencial que aprendamos y practiquemos sobre la competencia cultural y la diversidad, y el “Modelo de las Naciones Unidas” es una manera única, dinámica y enriquecedora para lograrlo.

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